A veces me he postrado de hinojos
ante el llanto del cielo.
Me reconforta.
Me sana las heridas.
Me permite vivir un poco más.
Es la batería permanente de mi espíritu.
Me seduce por completo al vagar por mi piel desnuda
(A veces, por las noches y en penumbras)
A veces, encuentro competencia entre la tempestad y la añoranza.
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