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Maullidos Ocultos


Sigilosos pasos os digo,
qué escuché tras un arbusto,
sonidos leves testigos,
del saber hacer de un gato.
Caricias piden sus juegos,
mimos sin tus abrazos,
astucia si le persigo,
calor en mi regazo.

Quizá no puedas sentirlo,
alma serena y pura,
ojos alegres y vivos,
niño que no madura.

¡Silencio! ¡Oíd os digo!
qué sin querer he visto,
tras aquellos olivos,
un gatito...escondido.

Deseo


Amor decidido a cruzar mi destino, quiero sentir lo que sientes, lo que me dió los motivos.
De tenerte me asusto, me acerco al encuentro, y siento, y quiero, necesito saberlo.
¿Me amas?, si te tengo, si te siento, no puedo dejar de pensar los recuerdos, que mi mente quiere borrar, que sólo al sentirte cerca de mi cuerpo, estremezco, mi alma, mi vida se aleja, pues es tan fácil, ¿puedes verlo?
Que en mis noches hay días, que en mis sueños te tengo, si me muestras caminos, los escondo a mis deseos.
He logrado abrazar el aliento, el que me empuja hacia tí, ya no tengo miedo.
Escucha en silencio, mi amor, susurro en tu cuello, acaricio tu cuerpo, sin rozarlo, sin mirarlo, sólo quiero poseerlo.
Ser tuya, no más, no osaré desearlo, sólo poder decir, que en mis manos te llevo, que despertaste mis sueños, que no puedo morir, si te alejas de mi, pues sin sentirte a mi lado, se apaga mi luz, sin tu calor en mi cuerpo, ya estoy muerto.

Oscuro destino

Cerca, suspira, siento tu aliento, quizá me escondo, dame sólo un momento.
No llega el aire, vuelan las hojas, más si no me muevo no respiro.
Debo ir sólo, no quieras saber que rincón me esconde, no lo verás nacer, ¿crees que está muerto?
Rien las sombras, no te veo, y me acerco, ¿me ves?, no te siento.
Quizá me burle, ¿te ries?, te creo, más huye del destino, pues piensa muy lento.
¿No temes?, tenebroso orgullo, estremece el deseo, sangra despacio, sufre el desorden de mis pensamientos.
Que no tengo tiempo, el alma es oscura, ni quiero, ni puedo, sentir lo que siento.
Si lloras mi ausencia, muerte quebró tu alegría, no grites palabras sordas, ¿piensas que quiero oirlas?
Que sencillo pasaje, es tan fácil mirarte, el miedo te descubre, luz en noche, libro de páginas en blanco, escrito en dolorosos tintes, quieres tenerme, y ya estoy dentro.
No se oyen los sollozos, burla el oculto grito, que si no me pides, te doy, que no entiendo el olvido.
Siente la tenue marcha, la nube en tormenta que nunca descansa, ¿lloras de nuevo?, pero ¿qué te pasa? sabes que esto se acaba.
Creiste ser más fuerte, has fallado en tu causa, cruzada de Otoño sombrío, ¿ahora despiertas?
Ahora lo ves y se ha ido, ahora lo sientes, ya descansa, y tan largo camino, no te sirvió.
Andabas descalza, sin rumbo, sobre espinas de rabia, y ahora que con alas pareces surcarlas, ahora es tarde, ya no tienes nada.

El silencio ronco

Sortea el difícil rumbo que diriges, acerca la timidez del perdón que ensombrece tus súplicas, quizá ciego de culpa no halles el sendero de tu lógica, ¿quién te espera al otro lado?...
No disculpes tus temores, riendo cuál nube enloquecida, abre las puertas, la lluvia desliza tu miedo, ¿de qué te quejas?
Me das pena, ¿crees poder contemplar tu destrucción? No amargues el paso del tiempo, los momentos se escapan, cierra la puerta, no hay viento que escuchar.
Es sordo el crepúsculo del atardecer cuándo sufres sin sentir, deja paso al despertar, deja que caiga la noche, llegará la mañana, cuándo no la quieres ver llegar, pero ¿porqué eres tan cobarde?
No grites a la nada, tu silencio habla más que tú, si me quieres busca al Norte, necesito oir tus susurros, pero ¿quién te da el poder del odio? ¿qué pretendes explicar?
La sombra de tu mente se ha escondido, deja que otros respiren lo que tú has rechazado, vete a morir lejos, aún no te he perdonado.
Qué paz, qué silencio, es mejor que tu recuerdo, ya no siento los instantes que dejó aquella ignorancia, qué, aún siendo tan pequeña, ya no te tengo miedo.