Mostrando entradas con la etiqueta rencores y lagrimas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta rencores y lagrimas. Mostrar todas las entradas

Boca Cerrada


Muere el beso oxidado
en una boca con candado,
cerrada por el mal paso
del amor que no hizo caso,
besando a otra boca coja
de honradez y de congoja.

Por necesidad mezquina
se convirtió en inquina,
guardó la lengua filosa
el veneno que anquilosa,
calló la boca la espuria
engendrada por la furia.

Su garganta seca aletarga
regurgitada hiel amarga,
disimulada mirada herida
preparando la partida;
mas bocas cerradas hieren,
que palabras que se profieren.


*Autor: Daniel

¿Quién se acordó de ellas?


Se durmió la Rosa negra...y se marchó para siempre,
¿quién se acordó de ella?
da sus últimos aleteos la mariposa
amarilla y blanca...
¿Tambien se marcha?

Y me sumerjo en mi interior para tomar conciencia,
que no soy como creí que era...no soy aquella.
Siento un rencor que fluye por mis arterias, se me come,
y me ahogo en lágrimas.

Abanderada de la verdad y ahora...lo sé,
todo se me cayó, el mundo en mis pies,
¿mentirosa?...¿engañándome a mí misma?
Creo que simplemente fuí ciega...demasiado ciega.

Creí de mí ser abrazo de desconsolados
y no fue así...que se me iban los tiempos,
y no me acordaba...la rosa negra se marchaba,
ciega y no lo viste...¡maldita ciega!
¿o si miraste y te hiciste la loca?
pudiera ser...pero si así fue
más culpa, si, ¡culpable!

Si me acordé mi rosa...si te pensé,
y a tí mariposa...tambien.


Creí ser mano, regazo
¡cruel engaño!
sólo soy la daga del diablo,
la muerte vestida de blanco,
la voz que aterciopelada os atrae,
os cree querer...¡engaño!

Todo lo que permanezca a mi lado
se morirá...soy óxido, pobredumbre,
putrefacción de lo que se me acerca.

Por primera vez tomo conciencia,
soy la parca y su guadaña,
soy la asesina de esperanzas,
la que cree que ama...y mata.

Y me odio...
me odio tanto que quisiera no existir,
y elevo un último ruego...
mariposa...no te vayas.

Amor y culpas


Y libramos en el ocaso de los años,
la guerra encarnizada de las culpas,
ella talló mis defectos con su lengua,
yo enarbolé mi amor como disculpa.

Ella masticó su bronca resentida,
esputando antiguos odios en mi rostro,
yo le clavaba flechas de cupido
y dardos de ternura con mis ojos.

Las blasfemas ensuciaron su lenguaje
y el hiriente verbo de su odio,
intentando mancillar mi corazón,
con el injusto castigo del oprobio.

Alimentaba la angustia con su ira,
revolviendo fantasmas olvidados,
nada era más fuerte que mi amor,
nada, ni siquiera mis engaños.

Con la cálida luz de mis palabras,
la noche de su alma fue apagada,
ella calmó en mi paz sus arrebatos
y en el perdón calmó su alma.


Letra de Daniel (Ciprés 1957) (Gracias mi querido amigo)